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Por: Lorena Alcalá / Fotos: Secretaría de turismo

Ubicada en una imponente casona en número 59 de la calle Independencia, en el Centro Histórico de Querétaro, la Casa de la Zacatecana es un lugar que eriza la piel ya sea por la escalofriante leyenda que encierran sus paredes, o por el continuo sonar de los 43 relojes que son parte de su bellísima colección como Museo, y que resuenan con su eterno tic-tac en todos los pasillos de la casa.

Cuenta la leyenda, que en el siglo XVII, una mujer muy hermosa, oriunda de Zacatecas, llegó a vivir a esa casa junto con su marido, un potentado minero. Después de un tiempo, el Zacatecano desapareció y aunque la mujer, cuyo nombre se ha desvanecido en el tiempo, señalaba que su esposo se encontraba de viaje haciendo negocios, pronto comenzaron los rumores acerca de su sospechosa desaparición.

Un día, sin embargo, la servidumbre de la Zacatecana la descubrió horriblemente asesinada y cuando comenzaron las investigaciones, también se hallaron los esqueletos de dos hombres enterrados en las caballerizas. Se dijo que uno de los esqueletos pertenecía al Zacatecano, a quien su mujer habría mandado matar, ultimando después al propio asesino. Nunca se supo quién fue el autor de la venganza en contra de la Zacatecana, pero lo que sí se sabe es que los inquilinos que llegaron a vivir a esa casa, después de la muerte de la mujer duraban poco como residentes, pues se decía que había muchos espantos. Aún ahora, se dice que es posible en ocasiones divisar un “ánima” o un espíritu que de cuando en cuando se asoma en las ventanas del museo, pero sólo si se es observador…

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Más allá de la terrorífica leyenda, los inicios del Museo de la Casa de la Zacatecana se sucedieron en 1992, cuando Juan Antonio Origel, compró el inmueble para hacerla un recinto para el arte y la cultura. En sí, el Museo cuenta con 11 salas, en donde reposa una exquisita colección de pinturas virreinales y del siglo XIX. Aunque todas las salas contienen piezas bellísimas, destacan dos en particular: la sala de los Cristos, que como su nombre lo indica exhibe una colección de 53 cristos de épocas que abarcan desde el siglo XVII hasta el XX; construidos en materiales tan diversos como marfil, bronce, barro, pasta y hasta caña de maíz.

En esta misma área localizamos la obra pictórica más importante del Museo: un óleo sobre tela del año 1746 con la que se representa a “Cristo venerado en la Iglesia del Convento de Santa Teresa” realizada por el gran pintor novohispano Miguel Cabrera.

La segunda sala a destacar especialmente es la Sala de los Relojes, que resguarda 39 finos relojes de bronce, cristal emplomado, vidrio, porcelana, mármol, y de madera, además de que las piezas se encuentran en todos los formatos, de pared, de mesa, o los llamados Grand Father.

Ya sea que se vaya a visitar el Museo Casa de la Zacatecana para conocer más profundamente su leyenda, a buscar al ánima o para emocionarse con las colecciones exhibidas, definitivamente es un lugar que recordará por mucho tiempo.

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