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Por: Lorena Alcalá

En 1996, la UNESCO decidió reconocer la belleza de la capital del estado de Querétaro y le otorgó el nombramiento de Patrimonio Mundial de la Humanidad. No cabe duda de que en sus calles hay mucha belleza, sobre todo arquitectónica, pues muchas de las construcciones que se encuentran en el primer cuadro de la ciudad datan de los siglos XVIII y XIX, testigos del auge virreinal que tuvo escenario en las calles queretanas.

Es de todos conocida la historia del icónico Acueducto y su leyenda de agua y amor; o la Casa de la Corregidora –hoy Palacio de Gobierno- en donde la inigualable Corregidora, doña Josefa Ortiz de Domínguez, dio el ya muy comentado zapatazo con el que inició el movimiento de Independencia de la Nueva España.

Pero hay otros lugares hacia donde el queretano y el visitante debería dirigir su mirada, a fin de conocer más de cerca la majestuosidad de esta ciudad queretana. Es por eso que en esta ocasión, mencionaremos algunos datos históricos de las casas más representativas de la capital; muchas de ellas son ahora ocupadas por hoteles y oficinas de gobierno, por lo que resulta sencillo su visita y su apreciación. Sin embargo hay otras que permanecen en manos de particulares, por lo que debemos conformarnos en la mayoría de las ocasiones con solo mirarlas desde fuera, pero aún así conservan toda la fuerza poética y virreinal que las caracterizó desde su edificación.

En Allende Sur número 16, por ejemplo, se encuentra la llamada Casa de los Perros; su construcción está datada en la primera mitad del siglo XVIII y su diseño se atribuye al conocidísimo arquitecto Don Ignacio Mariano de las Casas –responsable de la edificación también del Templo de Santa Rosa de Viterbo, entre otras beldades-. Esta casa recibió su apelativo por las gárgolas fabricadas en cantera que vierten el agua por sus hocicos perrunos.

En la esquina de Madero y Allende es posible apreciar una construcción que si bien por fuera es bella, la sorpresa real es cuando te internas en su patio principal. Es la Casa de la Marquesa. El cronista Manuel de la Llata incluso la denomina como “la más hermosa de la ciudad”. Y en verdad que es hermosa. Fue diseñada por el arquitecto Cornelio y financiada por don Francisco Antonio Alday. Como su nombre lo indica, fue residencia nada más ni nada menos de doña Josefa Paula Guerrero y Dávila, marquesa de la Villa del Villar del Águila. Posteriormente, en 1809, el edificio fue rematado a favor de otra marquesa, doña Mariana Mier y Ríos, esposa del coronel don Juan María Fernández de Jáuregui, quinto marqués de la Villa del Villar del Águila.

A la muerte de doña Mariana, se le adjudicó la residencia a su nieta doña Dolores Fernández de Jáuregui, marquesa de la Villa del Villar del Águila.

En esta residencia de marquesas, también se alojó un emperador. Si, el general don Agustín de Iturbide; quien llegó a Querétaro en junio de 1821 para tomar el convento de la Santa Cruz, en donde se resguardaban algunos españoles rebeldes.

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Cuando Querétaro fungió como capital de la República –noviembre 1916 a febrero de 1917- la distinguida residencia funcionó como Secretaría de Relaciones del Poder Ejecutivo, en manos entonces de don Venustiano Carranza.

En la esquina de Madero y Ocampo se puede apreciar una residencia que aunque no resalta por su especial arquitectura, sí lo hace por su historia. Es la Casa del Diezmo; construida en la primera mitad de 1700, residencia de don Melchor de Noriega y Cobielles. Su nombre lo recibe de la característica de que por muchos años ahí se recaudó el diezmo.

Esa casa alojó al cura Miguel Hidalgo y Costilla, cuando vino a la ciudad a celebrar la primera misa de la ahora catedral queretana –el oratorio de San Felipe Neri- en septiembre de 1805.

Una casa que no se puede perder si se hace una visita o recorrido por el centro de Querétaro, sin duda es la Casa de Ecala, ubicada en el costado poniente de la Plaza de Armas. Su propietario, don Tomás de Ecala comenzó la construcción en el año de 1780. Su palacete colindaba con la casa de don Domingo Hernández de Iglesias. En un momento determinado de la construcción, don Tomás se percató de que el portal de don Domingo quedaba delante del suyo por una distancia aproximada de 42 centímetros. Esto fue demasiado para su orgullo y amenazó con adelantar su fachada. Se entabló un litigio entre los dos propietarios, del que resultó vencedor don Tomás de Ecala, quien para no dejar inadvertido su triunfo mandó construir la fachada de cantera más hermosa de toda la plaza –quizá de la ciudad-.

Ya sea como residencias de marquesas, oficinas de gobierno o monumentos al orgullo y la tozudez, es indudable que en Querétaro se tienen algunas de las construcciones más hermosas de la región, para disfrute de propios y extraños.

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